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Himno uruguayo: la ignorancia argentina que indigna hoy

by urugayaldia2420

Parece que, cuando a los vecinos de la otra orilla no les alcanza el talento para destacar, el único camino que les queda es el del insulto barato y la burla hacia lo ajeno. En las últimas horas, una publicación en X —esa cloaca donde el anonimato suele ser el escudo de los acomplejados— pretendió ridiculizar el himno uruguayo, comparándolo con la banda sonora de una persecución de Tom y Jerry.

Es, como mínimo, irónico. Quien necesita recurrir a un dibujito animado para «entender» una pieza de mediados del siglo XIX es, en el mejor de los casos, alguien con una capacidad de abstracción musical nivel preescolar. Pero claro, pedirle a cierto sector de la hinchada argentina que comprenda la complejidad operística de Francisco José Debali es pedirle peras al olmo.

La soberbia argentina frente a nuestra historia

El problema de fondo no es la broma. El problema es esa vieja costumbre de intentar pisotear lo que no pueden igualar. Mientras nuestros jugadores cantan con el alma un himno que es patrimonio de la lírica, del otro lado del Río de la Plata solo pueden articular comparaciones ridículas. ¿Acaso les duele tanto que tengamos una historia más sólida, o es simplemente el despecho de saber que sus cuatro estrellas brillan con una luz que ellos intentan empañar con memes de baja calidad?

La respuesta fue inmediata, y no solo por parte de los uruguayos que defendieron nuestra bandera con uñas y dientes. Lo más triste no es el intento de burla, sino la superficialidad de quienes creen que la música se limita a los tres acordes básicos de un cántico de tribuna.

Una clase de música para los vecinos confundidos

Para aquellos que creen que están descubriendo América con sus comparaciones, valdría la pena recordarles que lo que ellos llaman «ritmo acelerado» es, en realidad, una composición de una riqueza técnica que seguramente nunca llegaron a procesar. El himno uruguayo es, por definición, una obra de arte. Y claro, si tu estándar cultural está acostumbrado a la estridencia de un estadio, una obertura con influencias de Mozart o Liszt te va a resultar extraña, compleja y, sobre todo, inalcanzable.

Es hora de que se ubiquen. La «viveza» argentina, esa que tantas veces termina siendo sinónimo de atrevimiento, se estrelló contra la identidad de un país que no necesita mofarse de nadie para saber quién es.

El desprecio como herramienta de mediocridad

A los internautas argentinos les decimos: sigan editando videos, sigan buscando «chistes» para paliar sus propias carencias. La historia del himno uruguayo no se escribe en una red social, ni se invalida por el comentario de un usuario que probablemente no sabe distinguir un compás de un caramelo.

Nuestra Celeste tiene historia, tiene peso y, por sobre todas las cosas, tiene un himno que se respeta. Que se sigan riendo, que se sigan escondiendo detrás de una pantalla. Mientras ellos se preocupan por el ritmo de una caricatura, nosotros seguimos siendo lo que siempre fuimos: una nación que no necesita compararse con nadie, y mucho menos con quienes confunden la soberbia con el ingenio.

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