La madrugada del domingo no fue silenciosa en el kilómetro 155 de la ruta 11, cerca de la zona de La Palmita. El choque frontal entre un automóvil y una motocicleta rompió la calma habitual de la zona rural. Los vecinos, acostumbrados a ver pasar los vehículos a toda velocidad, se despertaron con el estruendo de los metales retorcidos y el despliegue de luces azules de la Caminera.
Según los primeros reportes, el auto era conducido por un hombre de 70 años que viajaba junto a un acompañante de 50. Ambos salieron ilesos, pero la conductora de la moto —aún sin identificar— murió en el acto. La escena era desoladora: los restos de la moto esparcidos sobre la banquina y el vacío de una vida que se apagó en cuestión de segundos, bajo la luz tenue de las balizas.
Detalles de los siniestros de tránsito en Uruguay este fin de semana
Horas antes, otro escenario de tragedia se había configurado en el kilómetro 92 de la ruta 40, en las cercanías de Tala. Fue un conductor ocasional quien, al notar algo extraño a un costado del camino, decidió frenar. Lo que vio no fue una avería, sino a un hombre de 54 años tendido sobre la tierra y una moto sin matrícula tirada a pocos metros.
Al llegar la Policía, la confirmación fue la peor: el hombre ya no tenía signos vitales. El ambiente en la zona era de pura incertidumbre. ¿Fue un despiste? ¿Alguien lo chocó y se fugó, dejando a la víctima a su suerte? La Policía Científica trabajó durante horas rastreando huellas en el pavimento, buscando algún indicio —una marca de frenado, un resto de vidrio— que pudiera revelar qué sucedió realmente en la oscuridad de la ruta.
“Es una zona donde se circula fuerte. A veces, uno no sabe si es un despiste o si alguien no vio al motociclista y siguió de largo”, comentaba un vecino de Tala mientras observaba desde lejos el trabajo de los peritos.
Una problemática que no cesa
Estos dos casos se suman a una estadística que duele. En el primer trimestre del año, los siniestros de tránsito en Uruguay ya se habían cobrado la vida de 120 personas, con una incidencia alarmante de motociclistas. La fragilidad de quienes eligen la moto como medio de transporte se hace sentir en cada reporte policial, convirtiéndose en una preocupación constante para las autoridades de seguridad vial.
Mientras las familias atraviesan el duelo, la Justicia espera los resultados de las pericias forenses. En la Torre Ejecutiva y en las jefaturas locales, la pregunta sigue siendo la misma: ¿qué falta hacer para frenar esta sangría en las rutas nacionales? Por ahora, solo queda el saldo de dos familias destrozadas y dos investigaciones que buscan, en medio de la tragedia, un poco de verdad.
